Category: OPINIÓN


Como un acto de memoria y reivindicación al cumplirse 85 años de la MASACRE DE LAS BANANERAS, retomamos un texto publicado hace un par de años y que en conjunto visibiliza el accionar de guerra y muerte que siembra el Estado Colombiano en nuestros campos y ciudades.Los invitamos a leer y compartir estos textos y clips que enaltecen la lucha de nuestra clase obrera.

Fraternalmente,

Proyecto Comunicativo Alternativo “PRENSA LIBRE CAUCA”

Se estimaron en 5000 los trabajadores que estaban en la plaza cuando fueron rodeados por los 300 hombres armados. Contaban los sobrevivientes que después de un toque de corneta el propio Cortes Vargas dio la orden de fuego por 3 veces, sin embargo, nunca se supo cuántos muertos hubo: las narraciones populares orales y escritas difieren: de 800 a 3 mil, y agregan que los botaron al mar. Las oficiales admitieron de 15 a 20. 

LA MASACRE DE LAS BANANERAS Y LA DESIGUALDAD DE LAS VÍCTIMAS

POR: RODRIGO UPRIMNY (*)

Pintura de Diego RIVERA

EN COLOMBIA TODAS LAS VÍCTIMAS son iguales, pero algunas son más iguales que las otras. Con esta proposición, inspirada en una frase semejante de Georges Owell en su novela Rebelión en la granja, resalto la enorme asimetría moral de la sociedad colombiana frente a sus víctimas.

La opinión pública condena masivamente ciertos actos atroces inaceptables, como los secuestros de la guerrilla, pero se muestra más silenciosa e indolente frente a las víctimas de otros horrores también intolerables, como los falsos positivos de la Fuerza Pública o las matanzas y desapariciones de los paramilitares.

La conmemoración el pasado 6 de diciembre de los 80 años de la masacre de las bananeras muestra, además, que esa inadmisible asimetría moral de la sociedad colombiana es infortunadamente de vieja data.

Líderes de la huelga de los trabajadores en las plantaciones bananeras. De izquierda a derecha: María Cano, Pedro M. del Río, Bernardino Guerrero, Raúl Eduardo Mahecha, Nicanor Serrano y Erasmo Coronel. Guerrero y Coronel fueron asesinados por el ejército colombiano.

Como se sabe, en 1928 los trabajadores de la United Fruit Company entraron en huelga para lograr un alza de salarios y para que esa compañía aplicara las leyes colombianas. El gobierno de Abadía Méndez dio un tratamiento de orden público a ese conflicto y en diciembre de 1928 militarizó la zona bananera de Santa Marta. El 6 de diciembre las tropas al mando del general Cortés Vargas, comandante de la zona, dispararon contra los trabajadores concentrados en Ciénaga, ocasionando la masacre.

Mucho se ha discutido acerca del número de muertos, pero si le creemos al entonces embajador norteamericano Jefferson Caffery, fueron centenares. Este diplomático, en un informe al Departamento de Estado, consideró que las víctimas fatales eran más de mil.

Esta terrible y escandalosa matanza no generó, sin embargo, ninguna responsabilidad penal ni política. El entonces ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, quien defendió el tratamiento militar de la huelga, no sólo se mantuvo en el cargo, sino que fue considerado el hombre providencial del régimen. Por su parte, el general Cortés Vargas fue ascendido y nombrado comandante de la Policía en Bogotá.

Seis meses después, en junio de 1929, con ocasión de una protesta callejera estudiantil en Bogotá, fue asesinado por la Policía Gonzalo Bravo Pérez. Era un estudiante de la élite bogotana, quien era además hijo de un amigo personal del presidente Abadía. Al día siguiente, en el Gun Club se reunieron representantes de la élite política y decidieron hablar con el presidente Abadía. Como resultado de esta reunión cayeron entonces el ministro Rengifo y el general Cortés Vargas.

Este hecho muestra la asimetría moral de la sociedad y el Estado colombianos frente a sus víctimas. Mientras que la masacre de centenares de trabajadores bananeros humildes no conmovió al gobierno de la época, la muerte de un estudiante de la élite hizo caer el gabinete.

Es obvio que la muerte por abuso policial de un estudiante es siempre grave y, en una democracia, debe ocasionar las correspondientes responsabilidades penales y políticas. Las renuncias aceptadas del ministro Rengifo y del general Cortés Vargas por la muerte del estudiante Bravo fueron entonces justificadas. Pero lo que salta a la vista es el contraste de esta actuación con la reacción gubernamental frente a un hecho más grave ocurrido poco antes: la masacre de las bananeras.

¿Estamos superando o perpetuando esa inaceptable asimetría moral? Un buen indicador será el último debate en el Congreso del estatuto de víctimas, pues el texto aprobado por la Comisión I discrimina a las víctimas de agentes de Estado, pues les impone injustificadamente mayores requisitos para acceder a las reparaciones. Si la Plenaria de la Cámara elimina esas discriminaciones habremos dado un paso en la dirección correcta.

(*) Director de Dejusticia (www.dejusticia.org) y profesor de la Universidad Nacional.

Fuente: PRODUCCIONES EL RETORNO – elretornoproducciones@gmail.com

Vídeo CLIP “La masacre de las bananeras – 1928-2008”: http://www.youtube.com/watch?v=kNhfkmOv88E

Lectura en digital: LA RECURRENTE MASACRE DE LAS BANANERAS 
Lectura en digital: Los documentos de LA CHIQUITA BRANDS
Lectura en digital : “LA MASACRE DE LAS BANANERAS Y EL MOVIMIENTO CAMPESINO”

Imágenes  tomadas de:

http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=3041
http://colombiaparatodos2011.blogspot.com/2011/07/masacre-bananeras.html
http://acantioquia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=145:la-masacre-de-las-bananeras-y-el-movimiento-campesino&catid=81:tierra-y-vida&Itemid=252
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logo sena caucaDesde el año 1978, es decir desde hace 35 años, ninguno de los rectores de nuestra querida y respetable Universidad del Cauca, se atrevieron a tratar de ahogar el descontento estudiantil suspendiendo las actividades académicas; consideremos además, que entre ellos hubo personajes reconocidos como defensores de las corrientes más extremas de la derecha y la reacción.

Pero seguro, tampoco nadie se imaginó que quien en su no tan lejana juventud lidero movimientos estudiantiles, arengó fervientes manifestaciones y defendió las acciones de hecho, como instrumentos necesarios y legítimos cuando la estrechez democrática de nuestras instituciones no permiten otras posibilidades, hoy en su condición de rector universitario, utilizara con maquiavélica destreza, sus conocimientos y experiencia para golpear al movimiento estudiantil que en otros años fue el escenario de sus radicales discursos contra la democracia restringida.

 Suspender las labores académicas de los programas de pregrado de la Universidad del Cauca, es un golpe bajo al movimiento estudiantil, es la negación de la democracia, es la traición al principio de universalidad y pluralidad con que se forjó la universidad en la historia de la humanidad.

Estas actuaciones no son variantes de lo que en política se conoce como “el converso”, sino la clara evidencia que ese comportamiento asignado en primera instancia a judíos y musulmanes que en tiempos medievales se pasaban al cristianismo, y luego, a todo aquel que por conveniencias también transmuta su ideología, sigue encontrando individuos donde materializarse.

Ante todo reconozco el respeto que todos debemos a las decisiones individuales con las que cada persona labra el camino de su vida, cada quien que se las arregle con su conciencia. Pero lo que no podemos pasar por alto porque nos llena de indignación, es que esas personas que se forjaron bajo la tutela de una formación determinada, que formaron a otras personas bajo unos principios definidos, que aprendieron a desarrollar instrumentos para el debate y la confrontación política, luego hagan uso habilidoso del acervo de las organizaciones en las que crecieron como hombres públicos, del acumulado de sus luchas, para convertirse en la daga que se voltea para golpear la fuente que los proyectó a la vida pública.

Aún recuerdo, cuando en los años posteriores al terremoto de Popayán, recibimos en el Partido y la Juventud Comunista a quien venía como funcionario destacado para apoyarnos en los procesos de organización política y lucha estudiantil, el combo de la época era la UNEC, las banderas principales eran presupuesto, gratuidad y democracia universitaria, las organizaciones para la lucha eran los consejos estudiantiles, sus representantes y voceros, la forma de divulgar nuestras ideas y posiciones eran el mimeógrafo, el grafiti que en largas trasnochadas realizábamos en las paredes blancas de Santo Domingo y en cuanta pared blanca que como estudiantes detectábamos adecuada para expresar nuestros inconformismos, y las formas de lucha eran las movilizaciones, las asambleas y el paro.

Con Juan Diego fuimos radicales argumentando contra el establecimiento, pero los sueños individuales marcaron senderos diferentes y el hoy rector, manteniendo una imagen de líder supo combinar a su acomodo sus formas políticas para escalar dentro del sistema que decía combatir bajo consignas radicales como aquella de  ¡Vencer o morir!

Hoy su discurso es diferente, la ornamentación de la que se enorgullece haber llevado a los claustros universitarios no solamente responde a un bien aprendido sentido de la estética, muchos empezamos a preocuparnos cuando mandó atornillar sillas en los salones y más aún cuando se mandaron a instalar cámaras, como las que Orwell describe en el tétrico país del “Gran Hermano”. Jocosamente se comentaba: ¿Desde cuándo el descomplicado corroncho cuadriculó su esquema de vida? ¿Por qué las aulas de Santo Domingo deben emular la rigidez de los conventos o de las salas militares?, entendimos que eran síntomas sospechosos, difíciles de explicar… pero hoy, viernes 25 de octubre de 2013, ya todo está claro, la Universidad continúa bajo la dirección del esquema ideológico del siglo XIX, hábilmente disfrazado por una figura conveniente al sistema que se siente refrescado.

Pienso también en las comunidades de Huisitó, Playa Rica, El Plateado, El Mango, El Naya, Cajibío, Santander de Quilichao y muchas otras, donde solíamos ir, algunas veces discutiendo por sutilezas juveniles, pero fuimos juntos a llevar el mensaje revolucionario, a decirles a los campesinos que debían organizarse y luchar para que el gobierno los escuchara, que cuando fuera necesario debían parar, salir a las carreteras presionar las negociaciones. ¿Cuál será hoy la desazón de esas comunidades cuando comprueban que quien fue uno de sus educadores políticos hoy niega la negociación real a los estudiantes de la Universidad del Cauca?

Pero en su alocución el rector dice, “hemos estado abiertos al diálogo, a las mesas de trabajo…”  ¡Cuál diálogo Carajo!…, el que ha puesto de moda el presidente Santos? ¿El que solo escucha y no concluye?, ¿el que promete en el discurso pero no presupuesta el cumplimiento? El que termina en buenas intenciones pero de antemano se sabe que dentro del esquema no tiene salida?, Los estudiantes y sus combos hoy están maduros, no son presa del engaño fácil, tienen convicciones, mucha información, saben identificar la demagogia, aunque a veces presos de alguna ingenuidad caen en tentaciones como ocurrió cuando orientaron el voto de su representante a favor de la elección del actual rector de la Universidad del Cauca.

Por último que no se muestre como un triunfo lo que en la lógica universitaria, que busca la construcción del conocimiento, no es más que una vulgar derrota. Recibir la certificación de calidad de manos de la Ministra María Fernanda Campo, es tan solo un hecho político incoherente con un concepto real de calidad educativa, es confesar que hemos puesto los programas universitarios al tamaño del neoliberalismo, programas donde lo importante es reducir el componente científico a una aburrida técnica, como pasa hasta con el programa de Derecho, hoy carente de conceptualización filosófica, es sacar profesionales expertos en las TICs pero sin capacidades reflexivas.  Seguramente la ministra hoy estará festejando la determinación del rector de Unicauca…. Ahorro de profesores cátedra, optimización de recursos.  ¡Que eficiente al sistema se volvió Juan Diego!

No puedo terminar sin hacer un vehemente llamado a la dignidad de estudiantes, profesores y comunidad universitaria. El lunes debemos garantizar el cumplimiento de la determinación rectoral:  QUE NADIE INGRESE A LA UNIVERSIDAD DEL CAUCA, NI ESTUDIANTES DE PREGRADO, NI DE POSGRADO, NI ADMINISTRATIVOS Y MUCHO MENOS EL RECTOR.

Octubre 26 de 2013

Luis Ernesto López Ruano

Dirigente sindical

Copartidario de Juan Diego Castrillón cuando él era joven y se decía revolucionario.

Fuente: sindesenacauca@hotmail.com

-EXPLORACIÓN VOCACIONAL-

Querido ser humano, para evitar eso de ellos y ellas.

Usted que es una persona efervescente, que quiere cambiar el mundo
y tener historias para sus nietos, le advierto lo siguiente.

Si marcha a favor del pueblo, una partícula de polvo puede ir a parar a uno de sus ojos
 y arrancarle un par de lágrimas.

Si va por ahí gritando Justicia para el pueblo, del cielo le podría caer un madero en cualquier parte de su efervescente cuerpo, y  créame: Eso duele bastante.

Si la palabra dignidad le parece sonora y la usa constantemente en público, unos jabalíes sin colmillos le patearán su efervescencia, lo rastrearán hasta su hogar, su escondite para ellos, y eso no es bueno, se lo aseguro.

Pero si un día, haciendo uso irresponsable de la efervescencia que dios le dio, usted que es capaz, 
asume las vías de hecho, gritando cosas subversivas, como dignidad, libertad, pueblo,
 el gas lo hará llorar, ya no el polvo matutino,
 y el madero se convertirá en balas y usted no sabrá que hacer entre una multitud remota, inocente, que no tiene la culpa. El miedo se apoderará de usted. Sé por qué se lo digo

Pero usted, mi pequeño efervescente, que es muy inteligente, 
sabrá que esta parte de ímpetu y rebeldía ha llegado a su fin.

Se graduará con honores, tendrá su esposa, un hijo, quizás un hogar feliz. Es la mejor decisión que podría tomar un efervescente.

Pues de pronto ya vendrían apresuradas la amenaza, la tortura, la cárcel, la muerte, y no las soportaría. Le escribo estas palabras porque no me gustaría tenerlo a mi lado en prisión, lamentándose de lo que no fue, retractándose y criticando si vale la pena cada segundo, la lejanía, la humillación, leyendo las imágenes que saco del sombrero mágico que es mi alma 
para consolar su profunda y absurda falta de carácter.

Como haría para delicadamente confesarle que perdió su tiempo, que usted no es revolucionario, que no es chicha ni limoná, a lo sumo un hombre que se pudre en una cárcel.

Pero si le gustara la terquedad de su signo, 
que no ve la felicidad como algo unipersonal, entonces su caso es serio, crítico dirían los especialistas.
Usted mi querido compañero, presenta un delicado cuadro de conciencia social aguda. Y déjeme decirle: Es incurable.
 En ese caso, reciba un abrazo de mi parte.
Y es a Usted precisamente a quien no quisiera ver en Prisión.
Tenga la certeza que Usted es importante.

Carlos Lugo, Cárcel las Heliconias, Florencia Caquetá

Fuente: http://solidaridadjuridica.org/?p=804