Dolor. La esposa de un camarógrafo de la TV que maneja Hamas, muerto en un bombardeo, en su funeral. /REUTERS

 Nota de prensa: EL CLARIN – GAZA. THE GUARDIAN –   22/11/12

Tras una semana de miedo y muerte, los palestinos viven la tregua como una victoria.

Mohammed al-Khoudry mira la pila de escombros de una casa donde el martes murieron dos niños y su padre. “He tratado de entender a los israelíes, de veras. Trabajé en una granja en Israel. Hablo hebreo. Miro sus noticieros. Todo el tiempo hablan de miedo. De que tienen que correr a sus refugios para esconderse de los cohetes. De que sus hijos no pueden dormir por las sirenas. No es una buena forma de vida para ellos”, dice Khoudry, que se las arregla para vivir cultivando sus propios productos. “Los palestinos no hablamos de miedo, hablamos de muerte.

Nuestros cohetes los asustan; sus cohetes nos matan.

No tenemos refugios antibombas, no tenemos sirenas, no tenemos dónde llevar a nuestros niños y mantenerlos a salvo. Ellos están asustados. Nosotros estamos muriendo”, remarca.

Siguieron muriendo el martes pese a que se estaba negociando un cese el fuego. Las víctimas fueron Suhaib y Mohammed Hejazi, dos niños de tres y cuatro años, y su padre Fuad, alcanzados por un misil israelí que cayó sobre su casa en Beit Lahya mientras dormían. La mamá de los varones, Amna, quedó gravemente herida.

El día avanzaba y llegaban rumores de El Cairo de que tal vez en pocas horas la violencia acabaría, cuando el bombardeo con misiles israelíes sobre los autos en la ciudad de Gaza y los edificios hacia el norte se intensificó.

Ya murieron más de 120 palestinos, civiles en su gran mayoría, incluidos 27 niños, como mínimo. En Israel cinco personas, todas civiles, murieron por los centenares de cohetes arrojados desde Gaza.

Khoudry se sumó a la procesión fúnebre que siguió a los hermanos Hejazi por las calles de Beit Lahiya. Los niños habían sido envueltos en banderas de Hamas.

Pocas horas después del funeral, los proyectiles dieron lugar a un bombardeo diferente: miles de volantes cayeron sobre Beit Lahiya anunciando que lo peor estaba por llegar. Les decían a miles de personas que se alejaran de las zonas norte y este de Gaza más próximas a la frontera israelí. Algunas familias no vacilaron aunque no entendían qué significaban los volantes. ¿Eran para advertir que habría más ataques? ¿O que los tanques estaban en camino?

En cuestión de horas, cientos de pobladores siguieron las instrucciones israelíes de tomar rutas específicas hasta la ciudad de Gaza y refugiarse allí. Otros se dirigieron a las escuelas dirigidas por Naciones Unidas con la esperanza de quedar a salvo de un ataque. Algunos, sin embargo, no se movieron, diciendo que no tenían adónde ir o que correrían el riesgo. Para muchos en Beit Lahiya, la muerte de los hermanos Hejazi no fue sólo una tragedia sino un crimen.

Mientras los israelíes viven con miedo por el carácter aleatorio de los cohetes de Hamas, los pobladores de Gaza están convencidos de que Israel controla absolutamente dónde caen sus misiles. El domingo, Fateh Nasser, habitante de un edificio en la vecina localidad de Jabaliya que albergaba a cinco familias, recibió una llamada telefónica en la que una voz anónima le dijo que tenían cinco minutos para salir del edificio.

A los pocos minutos un misil israelí lo destruyó.

“Si saben a quién llamar, saben a quién están matando”, opinó Mohammed Yunis en su puesto de verduras. “Conocen hasta la última pulgada de Gaza. Tienen mapas desde la ocupación. Tienen cámaras en aviones no tripulados. ¿Cómo puede ser un accidente que maten a nuestros niños?” Los israelíes arrojaron el martes otros volantes advirtiendo a los palestinos que se alejaran de Hamas. No es fácil, aunque esta semana la cúpula y los funcionarios del movimiento islámico, como los agentes de policía, pasaron a la clandestinidad o están en las sombras.

De todos modos, si la intención de Israel es tratar de quebrar la autoridad de Hamas en Gaza, hay pocos indicios de que esté funcionando. Nadie, mucho menos su rival, Fatah, que controla las partes de Cisjordania manejadas por la Autoridad Palestina, está ocupando el espacio.

Son pocos los palestinos que están dispuestos a cuestionar públicamente si la batalla unilateral de la semana pasada valía la pena, sobre todo por solidaridad con el derecho a la resistencia contra Israel.

En las calles, la ansiada tregua es presentada como una victoria.

“Los judíos trajeron sus tanques al borde de Gaza y después pensaron qué pasaría”, dijo Ayman Salameh, luego del funeral de los hermanitos Hejazi. “Muchos palestinos morirían, sí. Pero también muchos israelíes. ¿Piensan que la resistencia se acabará? Tendrán que matar a todos los palestinos. Ya lo saben. Cuando la resistencia está en todas partes, el tamaño de las ametralladoras no importa”.

Fuente: http://www.clarin.com/mundo/vida-Gaza-bombas-lugares-refugiarse_0_815318522.html