“La Historia no es mecánica porque los hombres son libres para transformarla”.

Ernesto Sábato

Marzo 29 de 2012

Con el anuncio la liberación de los prisioneros de guerra en poder de las FARC-EP, para el dos y cuatro de abril de los presentes, y con la imposibilidad demostrada para vencer militarmente a la insurgencia, el Estado colombiano debe pensar seriamente en abrir las puertas de dialogo y negociación para buscar una salida política que conjuren el conflicto social-armado interno.

El acto humanitario de la liberación de diez prisioneros, por parte de la guerrilla insurgente, es un gesto que no pasa desapercibido; los prisioneros que se pondrán en libertad fueron literalmente olvidados por el Estado colombiano por más de una década, periodo en el cual las FARC-EP demostraron capacidad militar no sólo para mantenerlos cautivos sino para sostener innumerables combates con las fuerzas regulares e irregulares al servicio del Establecimiento. La liberación, a la que el gobierno de Santos le ha puesto innumerables talanqueras, constituye una nueva oportunidad para enrutar al país hacia un proceso que culmine con la tan anhelada paz para los colombianos.

En Colombia el conflicto, entre el Estado colombiano y las FARC-EP próximo a cumplir medio siglo de confrontación, se debate en medio de fuerzas poderosas que se han opuesto sistemáticamente a logro de la paz, es así como el conflicto social esta empantanado en el plano netamente militar. El gobierno de Santos (lo mismo que el de Uribe) ha pretendido crear la ilusión de una guerrilla derrotada; pero a pesar de la desproporción armamentística y numérica de las fuerzas militares frente a las fuerzas insurgentes, a la combinación estatal de todas las formas de lucha (legales e ilegales) y al apoyo económico y militar norteamericano la ilusión no se acerca para nada a la realidad. Claramente se ve que seguir insistiendo en la solución del conflicto social por la vía militar es racionalmente estúpido y un desgaste económico y humano innecesario.

No hay en la memoria de la humanidad la solución de un solo conflicto que se haya realizado de la noche a la mañana y sin percances. Cuando las FARC-EP, en la década de los 80 iniciaron un proceso para alcanzar la paz y se lanzaron a la plaza pública el Estado colombiano reacciono asesinándoles a más de un millar de líderes y sin embargo esa guerrilla volvió a sentarse a dialogar con el Estado en repetidas oportunidades como en el Caguán. Ahora, la liberación de la totalidad de prisioneros de guerra y la proscripción de la privación de la libertad de civiles en forma definitiva es el gesto más importante de los últimos tiempos realizado por la insurgencia y el Estado inteligentemente no debe dejar pasar estos momentos para abrir la puerta a un proceso de paz.

La guerra interna que se libra entre las fuerzas rebeldes y el Estado es el resultado de una sociedad injusta organizada de tal forma que privilegia a un puñado de “hombres de bien” para que exploten a millones de colombianos, es el resultado del accionar ilegítimo de un Estado que protege a terratenientes, banqueros, industriales y grandes comerciantes, convirtiendo a Colombia en uno de los países de mayor desigualdad social del Orbe. Es esta situación concreta la que produce y reproduce la guerra, y es allí a donde debe apuntarse si se quiere encontrar solución al conflicto.

Los gestos de paz que debe dar el Gobierno en cabeza de Santos no pueden seguir siendo el montón de frases hueras sin contenido material, los gestos de paz que exigen las mayorías desposeídas apuntan a la solución de las causas que históricamente dieron origen al levantamiento armado de las FARC-EP. El Estado colombiano está en mora para dar verdaderos gestos de Paz y los famosos representantes de la “sociedad civil” deben sacrificar buena parte de sus cuantiosas fortunas para el alcance de este propósito.

 COORDINACIÓN DEPARTAMENTAL CAUCA

PROCESO DE UNIDAD POPULAR DEL SUROCCIDENTE COLOMBIANO

Fuente: forjarunidad@gmail.com