Imagen tomada de: http://plano-sur.org/

Por: Carlos Jaime Fajardo (*)

Revista Viento del Sur

6 de Noviembre de 2011

La muerte de Alfonso Cano máximo comandante político y militar del grupo insurgente  que más ha persistido en el mundo en la lucha armada como medio de transformación social, debe llevarnos a la reflexión del ¿por qué surgen y se mantienen tales  organizaciones?

Vale recordar que en la década del sesenta y setenta, emergieron varias guerrillas en Colombia, entre ellas las FARC, el ELN, el EPL, el M–19, entre otras, las cuales sin duda estuvieron influenciadas por el contexto internacional, pero lo principal, la exclusión política que se presentaba en ese momento en el país y no por una supuesta cultura violenta como afirman algunos analistas.

El Frente Nacional, fue como se llamó al acuerdo político entre las oligarquías liberales  y conservadoras, para turnarse el gobierno y repartirse la torta burocrática, durante 16 años, de 1958  a 1974, luego de haber estado enfrentadas en guerra por más de 10 años.  Durante dicho acuerdo se excluyó de posibilidades de participación política a otros sectores de la sociedad, cerrando el paso a sus propuestas reformadoras o revolucionarias. Tal vez el ejemplo más significativo de dicha exclusión sea el fraude electoral del año 1970, que dio el triunfo a Misael Pastrana arrebatándoselo a la ANAPO, cuya  indignación  llevó al surgimiento  de la guerrilla M–19; en el  caso de las FARC la represión del Estado en la década del sesenta contra campesinos que  solicitaban soluciones inmediatas a sus problemas, los llevó a optar por la vía armada.

Durante las últimas décadas se han intentado varios acuerdos de paz entre las guerrillas y el Estado, algunos de ellos durante los gobiernos de Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria y Andrés Pastrana, que han culminado con la exclusión de las propuestas de cambio de los grupos insurgentes. A finales de la década de los ochenta,  los acuerdos de paz fueron destruidos por medio de la violencia estatal y paraestatal, con genocidios políticos contra movimientos como la Unión Patriótica, A  Luchar y el Frente Popular. Incluso el M–19, que se muestra como ejemplo de apertura   democrática del Estado, le asesinaron a su máximo dirigente Carlos Pizarro mientras otros se han plegado a las  medidas oligárquicas para mantener su vigencia política.

Entonces medio siglo de existencia de guerrillas en el país, no se resuelve con la muerte o captura de alguno de sus comandantes, se logra en la medida de que sectores sociales excluidos de las decisiones políticas puedan hacerlo, lo cual implica la existencia de un Estado democrático y popular que garantice la defensa de sus intereses económicos, políticos y culturales.

 (*)Sociólogo, ensayista, investigador independiente e integrante de la Revista Viento del Sur.