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Por: Carlos Jaime Fajardo (*)

Revista Viento del Sur

3 de Octubre de 2011

En diferentes espacios del sector educativo asisten representantes del sector empresarial, desde las instancias de gobierno escolar, pasando por los concejos superiores universitarios, hasta en las mesas de definición de política educativa. En algunas instituciones se hacen presentes con morrales escolares, televisores, computadores, incluyendo sus avisos y vallas publicitarias, incluso financiando y orientando los programas académicos.

Este no es el único sector donde han ido los empresarios, por ejemplo el mexicano Carlos Slim, vino por las telecomunicaciones y la  televisión por cable, el brasilero Germán Efromovich por el transporte aéreo, la familia Bush por el petróleo, los españoles por las hidroeléctricas, los canadienses por el carbón, los franceses por el agua, entre muchos otros. Todo ello bajo las normas de seguridad para la inversión extranjera, estableciendo las zonas francas permanentes y especiales, donde se les rebaja impuestos, lo cual fue calificado por el periódico Financial Times, como una de las reformas más exitosas del mundo para los inversionistas.

Algunos empresarios pretendiendo mostrar una responsabilidad social, para obtener rebajas en los impuestos por medio de fundaciones, afectando el  presupuesto nacional, vienen ahora por el jugoso negocio de la educación, de ahí su rimbombante nombre de empresarios por la educación, quienes mostrando la cara de Teresa de Calcuta,  proponen incursionar en este sector. Vale decir que el  plan de desarrollo de Santos, tiene como uno de sus principios convertir en mercado todo lo que sea posible; si se aprueba la reforma a la Ley 30, los empresarios proyectan centrar en procesos empresariales de gran valor agregado y nuevos sectores basados en la innovación, incursionando en la rama de la economía del conocimiento.

No se le puede pedir peras al olmo, pero si dichos empresarios están interesados en mejorar la educación como lo afirman en los estatutos de sus fundaciones, deben preocuparse por pagar mejores salarios, no evadir impuestos, dejando que el Estado administre y financie la educación para el servicio de las necesidades nacionales y populares, apoyando la defensa de la educación pública, no presionando al Congreso para aprobar las reformas privatizadoras, ni criminalizando a los líderes estudiantiles; aunque lo certero es la organización de la sociedad en defensa de este derecho que se quiere mercantilizar igual que la salud y no la buena o mala voluntad de tales empresarios, que junto con la ministra de educación sólo ven el signo pesos.

(*)Sociólogo, ensayista, investigador independiente e integrante de la Revista Viento del Sur.